MAMÁ NUNCA MIENTE

Mamá siempre me decía:

—No hijo, papá no es malo, es solo que está enfermo porque tiene un bichito dentro que hace que a veces haga cosas malas, pero no es él.

—¿Pero eso se cura mamá? —y ella contestaba: —Si hijo, se cura dejando a papá sólo, porque así el bichito que lleva en su barriga se muere de aburrimiento y se le cae a papá cuando hace caca, por eso nos hemos ido de casa. Pero tiene que pasar un tiempo, y tenemos que saber esperar.

—¡Hala mamá, qué bicho más malo! Y qué asco, ¿con la caca se va? —le dije yo.

Luego se empezaron a escuchar golpes en la puerta del motel donde nos habíamos ido para que mamá pensase, porque decía que necesitaba pensar para poner las cosas en orden o algo así.

—Por favor Laura, lo siento. Abre la puerta cariño, no me apartes de mi hijo, te lo suplico. Vosotros sois todo lo que tengo, mi amor. Os quiero mucho.

Yo me puse muy contento en ese momento, porque pensaba que a lo mejor el bichito de papá se había muerto ya. Pero mamá empezó a llorar y al preguntarle, me hizo un gesto para que hablase más bajito y con mucho cuidado me dirigió hacía el armario que se encontraba al fondo de la habitación.

—Hijo, creo que papá no está curado del todo. Recuerda que debe estar sólo para que se cure, así que debes esconderte en el armario. Corre. Y no salgas pase lo que pase y oigas lo que oigas ¿vale? si no, el bicho se hará más y más grande.

Lo de que tenía que estar sólo no lo comprendí del todo, ya que si abría la puerta, ella le haría compañía y todo volvería a fastidiarse. Y definitivamente no estaba curado, porque papá comenzó a alzar la voz diciéndole a mamá que abriese la puta puerta y que no le pusiese nervioso.

—¡Vete y déjanos en paz, Óscar. He llamado a la policía. Ya vienen para acá, y mi hermano también!

—¿Pero qué coño dices? —contestaba papá—, ¡abre la puerta o la echo abajo!

Yo temblaba de miedo mientras miraba por las rendijas del armario. Entonces la puerta se abrió de un fuerte golpe, que hizo un ruido que casi me mata del susto. Papá cogió a mamá por el pelo y le decía que era culpa suya. Luego le preguntó por mí, pero yo no podía salir porque el bicho sería ya demasiado grande.

Mamá no paraba de llorar, —¡que no grites te he dicho, joder!— le decía, mientras le daba un bofetón. Yo no pude evitar hacer ruido porque no dejaba de temblar. Entonces papá me sacó del armario cogiéndome del brazo. Me arrastró hasta el coche mientras mamá corría detrás de él agarrándolo del brazo y llorando desconsoladamente. Observé como la gente comenzaba a salir de sus habitaciones para ver lo que pasaba.

—¡Haz lo que quieras pero no te lo lleves! —decía, y la tiró al suelo de un empujón. Luego me metió al coche. Dio la vuelta con paso firme y ligero y se montó también.  Comenzó a decirme algo que no alcancé a comprender, mientras ataba mi cinturón. A mí me lloraban los ojos, pero aún así acerté a ver una figura que se acercaba por detrás de papá. Cuando estuvo lo suficientemente cerca vi que era el tío Manuel, que agarró a papá y lo sacó por la ventanilla. Luego comenzó a golpearle con una violencia que nunca había visto antes. Mamá intentaba agarrarlo diciéndole que lo iba a matar, pero los ojos del tío no eran suyos. ¡Su bicho era aún más grande que el de papá!

Finalmente se dirigió a su coche y mamá quedó llorando encima de papá. A los pocos segundos volvió a aparecer el tío Manuel con un hierro, un palo o algo así. Yo salí del coche gritando: —¡Tío, que así no se cura, que hay que esconderse!—. Al verme, mamá se dirigió a mí con la mano extendida diciéndome que me alejara justo en el instante en el que mi tío Manuel destrozaba el cráneo de papá de un solo golpe. El abrazo de mi madre no logró que la sangre me salpicara, pero sí consiguió taparme la visión para que no viese la cabeza de papá destrozada como una pieza de fruta. A partir de ahí solo escuchaba sirenas y personas de aquí para allá.

Finalmente me giré y vi a mi padre totalmente irreconocible en el suelo y rodeado de sangre. Entonces cerré los ojos con fuerza para no ver nada más. Así que eso es todo lo que vi señor agente. Y por favor, dejen sólo a mi tío para que se le muera el bicho malo que tiene dentro. Déjenlo en algún sitio sólo con un baño y verán como se cura. Mamá nunca miente señor agente, mamá nunca miente.

 

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